Los libros del silencio, libros mudos para niños

En cada oportunidad que vamos a leer, no significa que se junten letras una luego de otra, para ser devoradas hasta que logremos extraer todo su sentido. Diversos ilustradores de cuentos infantiles han coincidido en que también debemos ser capaces de «leer» el silencio.

Es decir, de lograr la compresión de alguna historia que nos es contada pero sin palabras, tan solo mediante las imágenes. Estamos refiriéndonos a los denominados libros mudos, que en los últimos tiempos se han hecho populares dentro de la literatura infantil.

Suena bastante elocuente emplear la expresión de «libros mudos», pues son aquellos que carecen de texto, y llegan a contarnos una historia por medio de las imágenes. Dentro de estos libros, las imágenes presentan un carácter secuencial que es mucho más marcado que cuando se trata de otros álbumes que son ilustrados. Así mismo, sus ilustraciones son realizadas de manera más detallada y puntillosas, ya que con ellas se busca suplir el vacío relativo que ha dejado la ausencia de textos en los mismos.

Los libros mudos vienen a constituir un género dentro de la literatura infantil que ha resultado totalmente fascinante. Inicialmente su formato cuestiona lo que señala el propio concepto de literatura. El escritor y editor de origen francés Christian Bruel, en los años setenta del siglo XX puso en marcha una colección provocadora que se encontraba dirigida al público juvenil, la misma se denominaba «La sonrisa que muerde» («Le sourire qui morde») y estaba centrada en el libro-álbum ilustrado, con el que señalaba que «un libro (en imágenes) sin texto sigue siendo un libro de literatura; puede ser un pretexto para encontrar un sentido, de modo que es literatura».

LIJ, Román Belmonte insiste desde su blog “Donde viven los monstruos”: en englobarlos con los «álbumes gráficos» y el grafismo en general. De acuerdo a Belmonte, sólo es posible considerar a un libro-álbum ilustrado como literario, si este nos «presenta contenidos textuales con finalidad literaria suficientes para enmarcarlo dentro de un género (narrativa, poesía, teatro, ensayo…)».

¿Son literatura entonces los libros mudos?

Pues, como era de esperarse, no es posible encontrar una respuesta que sea correcta. Sólo podemos encontrar preguntas, distintos puntos de vista y una serie de argumentaciones. En algunos contextos, sobre todo en aquellos que le prestan una atención particular a los libros ilustrados o a las novelas gráficas, se entiende que puedan ser incluidos, si se toma en consideración la diferencia que puede mediar entre un libro y que contengan o no un par de palabras, un par de frases.

Otro aspecto comprensible viene a ser que los libros mudos queden excluidos de las definiciones más clásicas y tradicionales de literatura. Sea cual sea el caso, estos vienen a ser libros que cuestionan los límites existentes entre los géneros y las categorías analíticas.

De lo que podemos estar seguros, es de que los libros mudos cuentan con una función narrativa (narran y comunican una historia que tiene una secuencia) y que además son capaces de ser «leídos». Más allá de que su lectura presenta un carácter polisémico muy marcado. El tipo de narración que da pie a este tipo de libros viene a ser otro de sus rasgos más sugestivos.